
El Puente Chacao es, sin duda, una de las obras de ingeniería más ambiciosas en la historia de Chile y Latinoamérica. Su misión es histórica: conectar de forma permanente la Isla Grande de Chiloé con el continente, reduciendo el actual viaje en ferry de 35 minutos a un cruce expedito de tan solo 3 minutos.
Actualmente, con un 50% de avance y con miras a entrar en operación durante el segundo semestre de 2028, el puente enfrenta desafíos inmensos. Con una longitud de más de 2,7 kilómetros y tres torres principales —una de ellas posada sobre la Roca Remolino, en pleno canal—, la estructura está diseñada para resistir condiciones climáticas extremas, incluyendo vientos que pueden superar los 200 km/h (63 m/s). Para garantizar la seguridad ante estos factores, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) ya mantiene operativos diversos sismógrafos, acelerómetros y estaciones meteorológicas en la zona.
Sin embargo, el cuidado de esta colosal infraestructura requiere ir un paso más allá. Es aquí donde la especialidad de Geosinergia marca la diferencia.
A diferencia de los trabajos en minas subterráneas o tranques de relaves, donde el foco es el monitoreo geotécnico (el comportamiento de la tierra y la roca), el Puente Chacao exige un monitoreo estructural.
Tal como explica Igor Bravo, CEO de Geosinergia, en una reciente entrevista, monitorear este puente colgante es similar a monitorear un rascacielos gigante. El objetivo principal no es solo el terreno, sino la estructura misma y, en particular, sus bases: los enormes pilotes que la sostienen.
En el Canal de Chacao, las fuertes corrientes de agua que corren de un lado a otro representan una amenaza constante. Este flujo de agua puede generar un fenómeno conocido como socavación, que consiste en el desgaste y remoción del material del fondo marino que rodea y apoya las bases de los pilotes.
Para saber si un puente está sufriendo socavación o daños, la ingeniería tradicional mide la "respuesta" física, es decir, evalúa si la estructura se está inclinando o deformando. Pero Geosinergia utiliza un enfoque preventivo mucho más sofisticado: medir el modo vibracional de la estructura.
Toda estructura física, por muy rígida que parezca, tiene un "latido" o un periodo elemental de vibración. Si las bases de los pilotes comienzan a ser socavadas por las corrientes marinas, la rigidez del puente cambia y, en consecuencia, ese periodo elemental de vibración también se altera.
Para detectar esto, el equipo captura múltiples datos de vibración y les aplica una compleja fórmula matemática llamada Transformada Rápida de Fourier (FFT, por sus siglas en inglés). Esta herramienta permite aislar el periodo elemental exacto del puente.
Igor Bravo lo ilustra con un ejemplo claro: supongamos que, mediante la FFT, se determina que el periodo elemental normal del puente es "4". Si con el paso del tiempo este valor comienza a variar, subiendo a "5" o bajando a "3", es la primera señal de alerta. Este cambio en la vibración indica que algo está ocurriendo en la base de la infraestructura.
Lo más fascinante de este método es que la vibración detecta la anomalía mucho antes de que ocurra un daño visible. Cuando el periodo vibracional cambia, alerta a los ingenieros antes de que los sensores de inclinación o deformación alcancen a registrar una respuesta física. De esta manera, el monitoreo estructural actúa como el sistema nervioso del Puente Chacao, garantizando su integridad y la seguridad de todos los chilenos que lo transitarán en el futuro.
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